sábado, 5 de marzo de 2011

Entre el altruismo y el egoísmo

Llovía a cántaros en la ciudad y yo acababa de comprar un paraguas. Intentaba abrirlo por primera vez cuando alguien de ACNUR-UNHCR me propone que colabore. A mi cabeza vienen las imágenes de los refugiados de la crisis en Libia y en tantos y tantos sitios. ACNUR es una agencia de Naciones Unidas (ONU) que dedica sus esfuerzos a proteger y ayudar a los refugiados en todo el mundo y buscar soluciones duraderas a su situación. Mis sentimientos apelan directamente a mi solidaridad con la gente que sufre. Entonces, ¿por qué me resisto a colaborar?

Pienso que Naciones Unidas es responsable de muchos de los conflictos que ocurren en el mundo. Deberían ser la solución pero a menudo forman parte del problema. Se trata de una organización al servicio de los intereses de las grandes potencias y de sus intereses post-colonialistas. Los países del Tercer Mundo poco o nada tienen que decidir. Su Consejo de Seguridad no puede condenar situaciones tremendamente injustas porque existe el derecho de veto por parte de cinco naciones: Estados Unidos, Rusia, China, Francia, y Reino Unido. El país más beneficiado por esta circunstancia es, como puedes imaginarte, Israel. Recientemente, Obama volvió a respaldar la política de asentamientos ilegales en tierras palestinas.

Por lo tanto, las acciones de ACNUR vienen a ser como parches a las consecuencias de los conflictos que la propia ONU se muestra incapaz de resolver.

Últimamente participo en un debate sobre el egoísmo, iniciado en un aula virtual de la UOC. Algunos se preguntan si cuando nos mostramos altruistas no estaríamos, en realidad, enmascarando un cierto egoísmo. ¿Sirven estas colaboraciones como excusa para sentirnos mejor mientras seguimos ignorando que, como occidentales, somos el origen de un sinfín de conflictos? Sí, también en Libia, como antes en Ruanda, Costa de Marfil, Congo, Argelia, Marruecos, Colombia, Sahara, Palestina, etc. 

¿No es una práctica muy parecida a la caridad cristiana? De hecho, el auge de las ONG de confesión católica ¿no tiene mucho que ver con que desde hace tiempo flojean las limosnas en los cepillos?:
"La Iglesia católica española recibe del Estado para su mantenimiento 23.000 millones de pesetas anuales, el Gobierno paga los salarios de los profesores de Religión en las escuelas, de los curas castrenses y penitenciarios, los gastos más importantes dedicados al culto; ha eximido a la Iglesia de los principales impuestos hasta hacerla vivir en un auténtico paraíso fiscal... Pero además, ha posibilitado otra vía de financiación al dejar que muchas congregaciones. Fundaciones e institutos se transformen en ONG, hasta recibir al año más de 15.000 millones de pesetas en concepto de 'solidaridad' y 'ayuda al desarrollo'". (SÁNCHEZ SOLER, Manuel. 'Las ONG Católicas con fines confesionales copan las subvenciones del estado'. Le Monde Diplomatique. Enero de 2003)
Las grandes fortunas hacen fundaciones con fines altruistas, pero ¿en qué grado? Nos abruman con donaciones millonarias, pero ¿representan acaso la misma proporción que la de un mileurista que da 10€ mensuales a una ONG?

En realidad, se podría organizar todo mucho mejor por medio de los impuestos... "¡Ay! ¿qué has dicho? Eso sería atentar contra la libertad de la gente", nos dicen. "Cada uno que de según su conciencia".

Es curioso, ¿verdad? porque nuestra conciencia no les importa ni un comino cuando se trata de aumentar el gasto militar, o de iniciar una guerra. Me refiero tanto a los gobiernos como sobre todo a los bancos y las multinacionales que nos implican en el tráfico de armas, la explotación de las materias primas, la especulación con el precio de los alimentos, etc.

Al final firmé.

Imagen de AFP por Joel Saget.

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