sábado, 7 de mayo de 2011

Tras el portazo de Nora

Hay quien empieza las novelas por el final, pero en el teatro hacer eso es más difícil, a no ser que nos conformemos con leerlo en lugar de representarlo. La 'Casa de muñecas' (1879) acaba con un portazo que se convirtió rápidamente en un hito del feminismo. Ello desencadenó las protestas de una burguesía patriarcal que no aceptaba de buen grado que las 'muñecas' se reivindicaran como personas.

Tanto es así que el dramaturgo noruego Henrik Ibsen (1825-1906) se vio en la tesitura de escribir un final alternativo para los teatros del norte de la nueva Alemania. Lo hizo para evitar que fueran otros quienes manipularan su obra, pero, curiosamente, el público llegó a reclamar el original, ¿por qué? Pues porque el nuevo era peor: Torvald obligaba por la fuerza a Nora a que viera a sus hijos antes de abandonar el hogar, y ella... sucumbía: “Oh, peco contra mí misma pero no puedo abandonarlos”. http://ibsen.net/index.gan?id=11111794

Y es que la cultura de fin de siglo supone una verdadera ofensiva del machismo contra las mujeres. Es en las artes visuales donde Bram Dijkstra encuentra un filón para explicar la psicología social de aquella época:
"La virgen y la furcia, la santa y el vampiro, los dos términos de una oposición dual: la que, por un lado, definía a la mujer como propiedad exclusiva, eterna y dócil del hombre; y por el otro su transformación, al cuestionar los derechos de propiedad masculinos, en una depredadora poliándrica que deseaba indiscriminadamente toda la esencia seminal del varón". (Dijkstra, 1994; 334)
Tras el portazo de Nora mucho hemos avanzado en el terreno de la igualdad entre hombres y mujeres. ¿Mucho? A más de uno nos entrarán serias dudas al leer el artículo de Luis García Montero: 'El feminismo y las mujeres'. (Público, 07/05/2011)


DIJKSTRA, Bram. 'Ídolos de perversidad. La imagen de la mujer en la cultura de fin de siglo'. Debate. Madrid, 2009 (Primera edición en inglés, en 1986)

Pintura de Lovis Corinth (1858-1925)

1 comentario:

anonim@ dijo...

Gracias por este post, son necesarios muchos más para hacernos fuertes.
La globalización ha permitido la pérdida de las normas de conducta incuestionables y de los referentes estables. Pero, ojo!, el discurso neoliberal “reeduca” en un capitalismo patriarcal dispuesto a devolvernos aquello que parecia olvidado.
Lo peligroso del texto de Ibsen, escrito a finales del XIX, es que aún es vigente.
Ahora que aún podemos elegir la salida, no perdamos esta capacidad, porque esto nos hará personas, no propiedad privada de nadie.
Parafraseando a Mary Wollstoncraft, autora de la “Vindicación de los Derechos de la Mujer”: “No deseo que las mujeres tengan el poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas”
El texto de Ibsen en la red, parece fiable:
http://www.colombiaaprende.edu.co/html/mediateca/1607/articles-65462_archivo.pdf

Saludos,

@

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