jueves, 9 de junio de 2011

Esos escasos minutos de gloria


Yo diría que el príncipe Felipe tiene una especial querencia por las republicanas. Se casó con Leticia Ortiz, y se acercó a conversar con una desconocida que gritaba "¡Viva la República!". Me ha costado averiguar su nombre: Laura Pérez. Es abogada, y es de Navarra.

La conversación transcurre de un modo bastante cordial por ambas partes, aunque es fácil distinguir el gesto de enojo del presidente navarro, Miguel Sanz, así como el nerviosismo de algún guardaespaldas. La cosa no era para menos: un referéndum sobre la monarquía y la república.


Hablar de estos temas en público tiene el inconveniente de las interrupciones y los solapamientos de varias conversaciones, costumbre muy española, dicen.

En cualquier caso era evidente que los intereses personales del príncipe no iban por la línea de proponer un referéndum, y mucho menos de abdicar como le pedía Pérez.
- "¿Ese es el único problema que tiene en su vida?" -le pregunta alguien fuera de plano.
Y es que hay nervios. En la Casa Real saben que los indignados de las plazas se hacen preguntas. Están cuestionando el sistema.
- "Yo creo en el sistema" -dice Felipe.
Pérez también, y precisamente por ello insiste en que no quiere ser súbdita, sino ciudadana.

La preocupación de Sanz llega a su punto de ebullición y se ve en la obligación de señalar que:
- "La primera y la segunda república terminaron como el rosario de la aurora".
Pero no aclara el por qué: fueron sendos golpes de estado los que pusieron fin a las mismas. El primero de naturaleza borbónica, y el segundo de ideología fascista. Sanz se calla que en ambos casos el remedio impuesto por los militares fue peor que la enfermedad.

Finalmente, el príncipe zanjó la conversación de una manera bastante cortante:
- "Desde luego has conseguido el minuto de gloria".
- "No era ese mi objetivo".
- "Pues desde luego lo has conseguido porque esto no llega a ningún lado".
http://www.elcomercio.es/v/20110607/gente/principe-laura-perez-monarquia-20110607.html
Un minuto de gloria que a Pérez le sabrá a poco, y que Felipe tanto valora. Imagínate que todos los súbditos reclamáramos nuestro derecho a ese minuto de gloria. Ni en una vida, ni en dos, ni él ni sus descendientes podrían concedernos tal deseo. Pues cuarenta y tantos millones de minutos de gloria son demasiados minutos, incluso para un príncipe.

Tiene razón, así no llegamos a ninguna parte. Pero si nos propone ese referéndum que Pérez le reclamaba, todos podríamos disfrutar de ese minuto de gloria y ¿quién sabe? igual él le encontraría ventajas a una vida menos regia pero más humana. Una vida en la que le oigamos menos a él y más a esas republicanas a las que manda callar a golpe de manecilla de reloj: tic, tac, tic, tac, tic, tac,...

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