domingo, 5 de junio de 2011

Politizando a golpe de diccionario


Las polémicas entradas en la 'obra magna' de la Real Academia de Historia (RHA) han desatado la furia del 'gallinero progre' nos dice Pío Moa desde su púlpito de Libertad Digital. Moa no pierde la ocasión para loar, una vez más, al Caudillo. También desde el mismo medio, Cristina Losada nos recuerda que "nada más autoritario, nada más franquista, que la presión por someter a los académicos a las exigencias del poder", sin aclararnos que son ellos los que representan el poder, requisito fundamental para ejercer como académicos reales. Sin abandonar este diario digital, nos encontramos con un más moderado Jorge Vilches que, sin embargo, se queja de que "se ha dado carta de naturaleza e importancia a la parte más desagradable de la politización de la Historia". Pero no se refiere a que la propia Real Academia de Historia haya querido politizar la historia desde sus despachos, no. Vilches reconoce que eligiendo a Luis Suárez para hablar de Franco ya se sabía lo que iba a decir, pero a esto no le llama politizar. (Recordemos que el tal Suárez es presidente de la Hermandad del Valle de los Caídos, uno de los pocos poquísimos que tienen acceso a la Fundación Franco y que, además, es miembro del Opus Dei).

Para esta gente, los que politizan son siempre los progres, nunca los conservadores o los neoliberales. Y aún menos la Iglesia, que también anda metida por ahí dentro. En una entrevista en La Razón, Gonzalo Anes, el director de la RAH, afirma que "los inquisidores siguen existiendo", pero apunta a esos insignificantes que critican su obra magna y no a los miembros del Santo Oficio que hizo fortuna en nuestras tierras.

Aunque fue el diario Público el primero en reparar en el desaguisado, ha sido en El País, donde Gonzalo Anes y Álvarez de Castrillón, marqués de Castrillón, se retrata tal como es. Se trata de una entrevista imprescindible, de las que hay que leer para comprender el verdadero talante de la historia de la España única. Sin asumir ninguna responsabilidad, pues no piensa dimitir, Anes sostiene que no leyó la entrada correspondiente a Franco, y que sigue sin haberla leído a día de hoy:
"No he tenido tiempo. ¿Qué quieren, que me ponga a leerla ahora, mientras estoy hablando con ustedes?". (Anes, 04/06/2011)
Anes, que está a punto de cumplir los ochenta, se siente desfallecer cuando el periodista insiste en saber si Franco fue o no un dictador.
"Miren, estoy agotado y me tengo que ir". (Anes, 04/06/2011)
Y tal vez debió hacerlo, porque a continuación se mete en dos charcos él solito. El primero cuando saca el tema de Hitler a modo de defensa y el periodista le hace ver que los alemanes sí cuentan la verdad de su monstruo particular. Menuda metedura de pata. Y el segundo cuando responde sobre las carencias de la institución que él preside. Porque, ¿qué le falta a la Academia?:
"Más mujeres. Las hay muy preparadas pero menos que los hombres. Hay una cuestión: un historiador necesita disponer de muchas horas para documentarse en los archivos. Y por desgracia, en las mujeres esas miles de horas están dedicadas a criar a sus hijos y a ser amas de casa". (Anes, 04/06/2011)
Si, es una desgracia. Pero siendo que él tan hombre y por lo tanto tan liberado de hacer camas, freír sardinas o cambiar pañales, ¿cómo es que no encuentra el tiempo para leer de qué va su propia obra magna? Su obra magna ya es un monumento a la prepotencia, al patriarcado, al fascismo y al conservadurismo más rancio y obsoleto.
"Y punto". (Anes, 04/06/2011)
Vale, y punto.

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En esta bitácora hay una entrada anterior sobre este mismo tema en: http://naveganteonaufrago.blogspot.com/2011/05/el-peso-de-la-posteridad.html

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