lunes, 28 de noviembre de 2011

Necesitamos exorcistas, dicen

Todavía recuerdo la primera vez que ví la película 'El exorcista' (1973). Tendría yo unos quince años, puede que un poco más. Y os confieso que pasé miedo. Tanto es así que me provocó pesadillas que todavía hoy se activan de vez en cuando.

Hoy, por ejemplo, me han entrado escalofríos cuando leía en el Levante que Juan José Gallego afirma con rotundidad que los valencianos somos un pueblo permeable a los demonios.
«Hay que estar atentos porque hoy hay muchísima gente que se ríe de estas cosas, pero me gustaría que la gente liberada hablara y dijera lo que han tenido que pasar para que todos vuelvan a creer en esto». (Levante-EMV, 28/11/2011)
Hay que decir que Gallego tiene un interés personal en ésto, pues él mismo ejerce como exorcista.
«Según el código de Derecho Canónico, [un exorcista] tiene que ser sacerdote, ser nombrado por el obispo y tener buena fama y ser docto en doctrina social de la Iglesia. Hay que tener, claro, conocimientos de demonología. Me tragué todo lo que había y me preparé mucho». 
Entre sus lecturas pudo estar la 'Práctica de exorcistas y ministros de la iglesia', escrito por su colega, el padre Benito Remigio en 1693. De este perfecto manual para Exorcistas daba buena cuenta Angelika en su blog: 'Tejiendo el mundo'. Nos cuenta que, según el manual, al endemoniado:
«...le puedes poner una vestimenta religiosa y decir que sostenga una cruz que lo hace, después sólo tiene que arrodillarse y escuchar la charla, que es muy larga, por lo que deduzco que el demonio se va por aburrimiento y silenciosamente no sea que el señor cura le dé otro discurso».
El sentido del humor de la tal Angelika no será del agrado del sacedorte exorcista, pues denota un cierto aire de descreímiento y a él, ya lo dijo antes, le gustaría que la gente crea en los demonios. Aunque tampoco es que esté muy dispuesto a ponérnoslo fácil, pues dice:
«Es terrible lo que sufren estas personas, la verdad, aunque nunca permitiré que nadie filme un exorcismo».
Así que tenemos que conformarnos con sus testimonios. Nuestro experto relata, por ejemplo, la terrible experiencia de una familia que sufrió un accidente de automóvil provocado por la repentina acción de uno de los hijos pues «algo se apoderó de él». Todos salieron ilesos, según Gallego, porque «el demonio le había poseído, pero los ángeles de la guarda le protegieron». Para eso están los ángeles de la guarda, digo yo. Claro que si los del coche hubieran muerto, yo de Dios despediría a los ángeles por no hacer bien su trabajo. ¿Te imaginas la cantidad de ángeles que habría entonces en el paro? ¿Serían ángeles caídos, no? ¿Y quién los contrata? ¿La empresa de la competencia? Así crean nuevos puestos de trabajo tanto en el infierno como aquí en la Tierra, por lo que los exorcistas vuelven a ser necesarios.

Tal vez por eso en Roma siguen formando exorcistas como ya os comenté en marzo de este mismo año. Decía:
«¿Y a quiénes le corresponde la tarea de formar a los nuevos exorcistas? Pues a los Legionarios de Maciel. ¿Esperabas otra cosa?». ('Una escuela endemoniada', 28/03/2011)
Por cierto, ¿alguien sabe cuánto cobran por exorcismo? ¿Será ésto un buen negocio?
«Por dinero no, porque no cobro». ('El templo de la luz interior', 27/09/2011)
Perdona si insisto, ¿será ésto un buen negocio?

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