martes, 31 de enero de 2012

El Dios de los ricos

Cuando un joven rico me contaba sus planes para llevar una vida cristiana no pude evitar señalar que en nada coincidían éstos con el mensaje de Jesucristo. Se trata, me decía, de alcanzar una posición de poder lo más alta posible para desde allí ayudar a los demás. Su beata madre reaccionó ante mis observaciones porque entendía, con razón, que yo estaba criticando que se usara el cristianismo como una máscara para ocultar la codicia. La codicia ilimitada pues es evidente que el rico no se conforma con serlo, sino que experimenta la necesidad de seguir enriqueciéndose.

¿Hasta cuánto?, me pregunto.

Los cristianos nos hemos creado un Dios que nos hace más llevadera la "carga" de disfrutar de ser ricos mientras otros sufren las miserias de esta vida, ¿o no?

Agregué algo que aún provocó mayor disgusto: que no son las personas religiosas quienes tienen un mayor conocimiento de Dios, sino aquellas que no creen en Él. La hermana del primero me preguntó que si quienes decían eso eran ateos o creyentes. Su madre le adoctrinaba en el sentido de que siempre hay que tener en cuenta el sesgo de una información. Y es verdad, aunque los que pertenecen a una secta siempre olvidan que ya eligieron seguir una idea única y rechazan cualquier pensamiento que la contradiga.

En cualquier caso, puedes consultar (si quieres) lo que ya expliqué en su día sobre que «los ateos conocen más sobre el dios en el que no creen que los propios creyentes, según una investigación del Pew Research Center llevada a cabo en 2010». (¿Navegante o náufrago?, 29/08/2011)

La parábola que Comte-Sponville nos trae a colación es aquella del joven rico que se acerca a Jesús para escuchar su consejo:
«Si quieres ser perfecto, ve, vende lo que posees y dalo a los pobres, y después ven y sígueme».[1] Según el evangelista, «el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes». (Mateo 19, 16-22) 
En cualquier caso, los ricos recurren insistentemente a la parábola de los talentos por la que entienden que Dios les insta a enriquecerse y condena a quienes no lo hacen, como puedes comprobar leyendo a Mateo 25, 14-30.

Sin embargo, «nadie es rico inocentemente», afirma André Comte-Sponville, para quien «es un hecho de todos conocido que la mayoría de los cristianos es de derechas. Pero solo es un hecho y no demuestra ni prueba nada acerca de los valores». El filósofo francés añade que:
«[...] para ser de izquierda se necesita de valores, de ideales, de principios, mientras que para ser de derechas, como todo el mundo sabe y esta es la genialidad de la derecha, su inteligencia específica, su fundamento propio, lo que la destina casi perpetuamente a la victoria para ser de derechas, y casi por definición, bastan los intereses…». (Filosofía Digital, 21/05/2009)
Concluyo con una observación de Juan Simarro Fernández,
«El auténtico cristiano debe condenar la acumulación desmedida de bienes, como hicieron los profetas y se deben lanzar a vivir una experiencia de un Dios que les protege, les bendice y les salva, pero que a su vez les convierte en protectores, liberadores y dignificadores del prójimo en necesidad. Fuera de esto no hay vivencia posible del cristianismo. Es por eso que es tan difícil el poder afirmar que el mundo rico puede ser cristiano. Quizás sea más fácil el afirmar que un camello puede pasar por el ojo de una aguja». ('¿Es cristiano el mundo rico?'. Protestante Digital, 30/01/2012)

En la imagen, Diógenes busca a un hombre verdadero con una linterna a plena luz del día, y no lo halla. Se trata de una pintura de Caesar Van Everdingen (1652) 

[1] Observa que Jesús no dice que se lo entregues a él o a sus apóstoles (sacerdotes, kikos o legionarios) para que sean ellos quienes lo repartan.


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