miércoles, 1 de febrero de 2012

El Dios de los pobres


En una canción que John Lennon tituló 'God' (Dios), la letra decía que Dios no es más que un concepto que sirve para medir nuestras penas. [1] ¿Una entelequia, pues? ¿Algo irreal?

A muchos, y a muchas, les ofende que se ponga en duda su existencia.

Yo mismo sugería en mi anterior entrada que los cristianos nos hemos creado un Dios: el Dios de los ricos. Un Dios que sirve para suavizar el problema de conciencia que se nos plantea por tener mucho cuando otros carecen de todo.

Los pobres, según los ricos o los aspirantes a serlo, deben trabajar y trabajar para que su prole adquiera más y mejor educación y así poder mejorar en el escalafón social. Siguiendo esta estrategia en sucesivas generaciones acabarían integrándose en la clase media y, con suerte, en la clase media alta.

Una vez más queda claro que no está entre los objetivos del Vaticano el lograr una mayor igualdad entre los seres humanos. Los de abajo siempre serán los de abajo, pero para ellos los cristianos también nos creamos un Dios: el Dios de los pobres.

Una mujer inmigrante latinoamericana toma humildemente la palabra para reivindicarse como cristiana cada vez más conversa. Ella confía en la humildad y en el trabajo para merecer el perdón de sus pecados y la vida eterna.

Y es que el Dios de los pobres es el de la resignación y la esperanza. Los pobres creyentes se conforman con pasar por esta vida injusta sin molestar a los ricos. Su sometimiento sirve, ¡cómo no! para contentar a los privilegiados. Éstos serán benevolentes y darán su limosna cuando toque, cuando les plazca, u siempre según su criterio.

Así, no es extraño, me dicen, ver como un joven baja de su BMW o su Mercedes, vestido con sus zapatillas de marca y su ropa cara, sus Rayban y su Rolex, para repartir unas raciones de comida entre unos sorprendidos inmigrantes que se lo agradecen de todo corazón.

Limosna sí, redistribución de la riqueza, no.

Dios de los ricos, Dios de los pobres, ¿acaso se trata del mismo Dios?
«Pobreza de Diógenes, pobreza de Cristo, pobreza de Buda… ¿Alguien puede creer que esto es casual? Esos tres son maestros, quizás los más grandes que nunca hubo, y son maestros de pobreza. ¿Hay otros? Sé muy bien que Montaigne no era pobre. Por lo menos no elogiaba la riqueza. Mejor: confiesa que jamás fue más feliz que cuando nada poseía ni estuvo tan inquieto ni se sintió tan despreciable como cuando quiso enriquecerse… Y sólo era Montaigne, que nos conmueve tanto porque también comparte nuestras debilidades». (Filosofía Digital, 21/05/2009)
Es una reflexión de André Comte-Sponville, el filósofo al que ya me referí en la entrada anterior.

No se trata de que los pobres sean mejores que los ricos. Sería un razonamiento pueril cuya falsedad se demuestra empíricamente de manera fácil. Muchos de ellos sueñan con hacerse ricos, y de conseguirlo actúan con la misma falta de escrúpulos que aquellos a los que admiran o envidian.

Siguiendo con el pensamiento de Comte-Sponville, éste nos dice que:
«Los pobres no son los felices; los felices son pobres, pobres de espíritu como dicen, porque nada los posee, porque ninguna posesión los aprisiona. [...] Sólo se vale por lo que se da, y todo lo que no se da se pierde y nos pierde». (Filosofía Digital, 21/05/2009)
Por su parte, Juan Simarro Fernández insiste en que «la actual división que en el mundo rico se da entre ricos muy ricos y pobres muy pobres, división en clases, en opresores y oprimidos, débiles y fuertes… no es cristiana». En otras palabras:
«No se puede dar la vivencia de un cristianismo auténtico de espaldas al dolor del ochenta por ciento de la humanidad. [...] no se puede hablar de una Europa cristiana, de un mundo rico que se pueda calificar de seguidor del Maestro. Es imposible». ('¿Es cristiano el mundo rico?'. Protestante Digital, 30/01/2012)


[1] God is a concept by which we measure our pain

1 comentario:

Mercè dijo...

Al final todos éstos dioses se traducen en uno: el Dios del Capital.
Jesucristo y lo que él predicó no tienen nada que ver.
El buen hacer se hace sin pensar, si hay que pensar mucho para hacer una buena acción...uy! es que se está sopesando, no sea que se pierda algo en el balance del 'debe, haber y saldo'

Besos,

Mercè

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