viernes, 2 de marzo de 2012

Como después de una guerra

Es de humanos buscar en el pasado explicaciones para el presente o incluso perspectivas para el futuro. Hace unos días, alguien me decía que había que ser optimistas respecto a la salida de la crisis pues hemos salido de otras situaciones peores, «como después de una guerra». Yo le escuchaba con atención por dos razones: 1) porque era un experto en eso que llaman especulación financiera, y 2) porque de siempre me ha interesado el fenómeno de la guerra y las motivaciones que nos llevan a realizarlas, que supongo deben estar relacionadas con lo que se espera conseguir con ellas.

Me aclaró que se refería a nuestra Guerra Civil y a la Segunda Guerra Mundial. Después de éstas, tanto España como Europa se recuperaron económicamente del desastre.

Como suele ocurrir en estos casos, mi interlocutor tenía fe en la efectividad de las medidas del gobierno de Rajoy al tiempo que despotricaba de la etapa en que era Rodríguez Zapatero quien gobernaba. De nada hubiera servido hacerle ver que ambos tomaron las mismas recetas del neoliberalismo, si bien, las de Rajoy están siendo más duras. Así que mi apunte fue por otro lado:
«Las medidas económicas que se adoptaron después de la  Segunda Guerra Mundial fueron exactamente las contrarias a las que se están aplicando ahora con la crisis».
En efecto, en lugar de recortar gastos se acometieron obras financiadas por el Estado que reactivaron el consumo interno ya que los ciudadanos disponían de un salario. Los recortes de Rajoy, en cambio, generan más paro y por lo tanto impiden que la gente gaste el poco dinero que tiene. Los únicos que ganan son los ricos que pueden pujar a la baja.

Más tarde, otra persona me hizo reflexionar en términos malthusianos sobre el hecho de que esto aún podría ser peor que una guerra debido a que no hubo el descenso de población que éstas provocan. Sin embargo, las teorías de Thomas Malthus (1766-1834) quedaron anticuadas. Nunca hemos producido tantos alimentos y recursos como ahora. El problema está en la distribución, no en la producción.

Pero el que una teoría se demostrara como falsa no significa que haya todavía quienes creen en ella. Alguien dijo que «en tiempos de crisis los humanos no atendemos a nuestras razones, sino a nuestras emociones». Emociones que pueden llevarnos a buscar al guía, al hombre fuerte, como ocurrió con el fascismo de entre-guerras, o bien nos dirijan hacia la empatía y la solidaridad.

Creo sinceramente que es la estupidez de las élites la que nos llevará por el camino de las soluciones injustas que fomentarán inevitablemente la violencia. El sistema, como se ve, se resiste al cambio. De hecho, estoy muy de acuerdo con Juan Manuel Sánchez Gordillo, el alcalde de Marinaleda, cuando afirma:
«No se puede estar indignao, ni ser rebelde, ni llamarse ecologista ni llamarse nada, ni humanista siquiera, si no planteamos el cambio del sistema». (Rebelión, 28/02/2012)
En la imagen, el autor de estas líneas junto a un búnker de la Segunda Guerra Mundial construido por el ejército alemán en la costa atlántica de Francia. Actualmente, se encuentra cubierto de grafitis en su totalidad. (Fotografía de Josep Vicent Rodríguez)

1 comentario:

Vicente Manuel dijo...

Desafortunadamnente la guerra ha sido una constante en la historia de la humanidad y la tendencia de los tiempos presentes y futuros es a que va a ir a más.
Al capitalismo, en tanto que sistema basado en la depredación de todo lo que dé beneficios, la guerra le va como anillo al dedo y por ello asistimos y asistieremos a infinidad de guerras, iniciadas siempre bajo las más excelsas y honorables excusas.
Que la guerra es un motor fundamental para el capitalismo lo acredita el hecho de que es el llamado complejo militar-industrial el que tira de la principal economía del mundo, la estadounidense, que por ejemplo, solo fue capaz de superar la Gran Depresión gracias el estallido de la IIª Fuerra Mundial.

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