miércoles, 2 de mayo de 2012

Más papisa que papa

La vi por casualidad, zapeando durante un partido del Barça. Era durante la Semana Santa y, ya se sabe, las televisiones programan películas de temas religiosos. Poco o nada ha cambiado en este sentido desde los tiempos del nacionalcatolicismo de Franco.

El caso es que me interesó porque aparentaba estar muy documentada en la Edad Media. Su título me desconcertó: 'La mujer papa' (2009). Luego averigüé que en su producción habían intervenido varios países: Francia, España, Reino Unido e Italia. No en vano —dicen— Europa hunde sus raíces en el Cristianismo.

A pesar del realismo logrado por el director alemán Sönke Wortmann, varias veces me pregunté si la historia, el argumento, podría ser real. En la Wikipedia se dice que está basada en una novela de la escritora estadounidense Donna Woolfolk Cross que se basa en la leyenda de que el papa Juan VIII era en realidad una mujer:
«Según la leyenda, una mujer habría ocupado el sillón papal después de León IV, bajo el nombre de Juan VIII. Esta mujer llamada Juana gobernó Roma durante dos años, cinco meses y cuatro días, y quedó al descubierto su condición femenina en una procesión en donde perdió el conocimiento, cayendo de su caballo al suelo debido a los dolores producidos por un inminente parto, que finalmente se produce allí mismo ante el estupor de los feligreses. La aglomeración humana se transformó en una horda descontrolada por la furia y lapidó en ese mismo lugar a la papisa y a su hijo». (Wikipedia)
Un final muy cristiano.

Según el Chronicon Pontificum et Imperatum, cuyo autor es el polaco Martin von Troppau (o Martín de Opava), la mujer habría llegado a Roma bajo el nombre de Johannes Anglicus (Juan el Inglés), procedente de Mainz (Maguncia), al sur de Alemania. Según ésto, el bávaro Joseph Ratzinger, no sería el primer alemán en sentarse en la silla de Pedro, como hasta ahora se nos había dicho. Pero no olvides que estamos —dicen— ante una leyenda.

La silla de Pedro solía tener un agujero por aquel entonces. La función de éste se ha relacionado con la suplantación de Juana pues obligó a la Iglesia a proceder a una verificación ritual de la virilidad de los papas electos.
«Un eclesiástico estaba encargado de examinar manualmente los atributos sexuales del nuevo pontífice a través de una silla perforada. Acabada la inspección, si todo era correcto, debía exclamar: Duos habet et bene pendentes (Tiene dos, y cuelgan bien)». (Wikipedia)  
Afirma César Vidal, referente cultural de la derecha española, que esa historia es falsa al tiempo que sugiere que detrás de ella hay un complot de los comunistas:
«Al final, la leyenda de la papisa Juana volvió a ser reutilizada por laicos y anticlericales durante los siglos XVIII y XIX e incluso por los defensores de sistemas totalitarios en el siglo XX. Ahora se añadía el detalle escandaloso —pero falso— de que todos los pontífices eran objeto de un tacto testicular antes de proceder a su coronación. La leyenda pretendía así —como en la Edad Media— imponerse a la Historia pero sus días de credibilidad estaban contados». (Libertad Digital, 09/03/2001)
Por otra parte, existen aún las sedes stercoraria (sillas con agujero en el centro) y pueden verse tanto en el museo del Louvre como en el del Vaticano. La explicación que se suele dar es que se trata de simples retretes.

Una leyenda que durante un tiempo fue aceptada como cierta incluso entre los responsables de la Iglesia. Sólo cuando se vio que la historia de la papisa se utilizaba como argumento contra el catolicismo, se procedió a restarle credibilidad. Según Vidal, todo fue como consecuencia de las crisis que padecía la Iglesia en esa etapa de la Edad Media.
«Su difusión se debió a los dominicos precisamente en una época en que la orden estaba siendo cuestionada por su entrega a la filosofía». (Libertad Digital, 09/03/2001)
Fue curioso que todo ello coincidiera en el tiempo con la polémica generada por la Iniciativa Pfarrer, iniciada por el sacerdote Helmut Schueller, y que ya se extiende por Austria, Alemania, Bélgica e Irlanda. Estos presuntos herejes, según algunos, podrían estar a punto de crear un cisma progresista:
«Permitirían a las parroquias oficiar la eucaristía sin sacerdotes, dejarían predicar a las mujeres y prometieron hablar frecuentemente a favor del sacerdocio femenino y el casamiento del clero». (Informador, 06/04/2012)
Por supuesto, Benedicto XVI condena la desobediencia de los austriacos. Y con ello, refuerza la idea patriarcal según la cual la mujer ha de estar sometida al poder de los hombres y cumplir con su papel de engendrar hijos. Y obedecer. No mandar.

Por eso, la idea de que una mujer haya podido llegar a liderar la Iglesia es aborrecible, para ellos.



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