domingo, 22 de julio de 2012

Reflexiones tras el carnaval nacionalista

El nacionalismo español existe, vaya si existe. Y sirve, especialmente a la derecha, para justificar sus políticas de ajuste antidemocrático. Así lo veía Ana Palacio, la que fuera ministra de Exteriores durante la invasión de Irak:
«Jubilosas muchedumbres, banderas de España desplegadas en coches y ventanas, gente cantando: esta imagen de España contrasta señaladamente con la deprimente realidad recogida por las noticias diarias». (El País, 21/07/2012)
Una deprimente realidad que su compañera de partido Andrea Fabra ha resumido en una frase lapidaria:
«Que se jodan».
No parece que sea yo el único que observa con vergüenza ajena cómo la gente se aproxima a ésto del fútbol de las selecciones europeas. A Pedross le molesta la imagen 'casposa' que los aficionados que siguen a La Roja pueden estar ofreciendo al mundo como demuestran varias fotografías que aparecen en su bitácora:
«Lo que más me está indignando de esta Eurocopa es la imagen de esos embajadores de la marca Spain desde la grada. Lo hacen por puro cachondeo pero no son conscientes del daño que nos hacen a todos los españoles que deseamos quitarnos los tópicos casposos instaurados desde la España de Paco [Francisco Franco]. Toreros, folclóricas y guardias civiles. ¡Toma ya, el triunvirato de la España profunda listo para ser visto por millones de europeos!». (Tráigame la cuenta, 19/06/2012)
Sin embargo, este fenómeno se da también entre los seguidores italianos, alemanes, holandeses, polacos, ucranianos,... Es como si compitieran por ser los más ridículos en este gran carnaval nacionalista en el que se ha convertido cada Eurocopa.

El torneo se ha convertido en una excusa para que los símbolos nacionalistas afloren. Y no es por casualidad que, en algunos casos, rezumen a la más extrema de las derechas. Así, mientras los españoles se disfrazan con tricornios y uniformes de legionario, griegos y romanos pasean sus yelmos milenarios. Los franceses recurren a Asterix y Obelix. Y los suecos se disfrazan como vikingos.

Los espectadores de Telecinco asistimos a un continuo ejercicio propagandístico a favor de la unidad con la selección. No son los Ramos, Piqué, Xavi, Iniesta, Torres,... los que ganan los partidos, sino que los ganamos nosotros, los "jodidos" españolitos y españolitas.

En su alegato nacionalista, Palacio insiste:
«Inspirándonos en la victoria de la selección nacional, los españoles en general, y en especial nuestros dirigentes políticos, debemos redescubrir los elementos de aquél éxito. España superará su situación crítica por medio del trabajo sostenido, la responsabilidad, el respeto, la lealtad y el esfuerzo colectivo, asegurando de esa forma su posición en Europa y el mundo». (El País, 21/07/2012)
Pero la actual consejera de Estado olvida que para alcanzar el éxito, las instituciones miman y recompensan hasta la indecencia a unos trabajadores privilegiados, los futbolistas, mientras que la fórmula que se nos propone desde el PP es jodernos y que encima les hagamos la ola.


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