domingo, 30 de diciembre de 2012

La Navidad, ¿pertenece al Papá Noel?

Para muchos niños y niñas lo importante de la Navidad son los regalos. Lo de menos es si los trae el Tió de Nadal, como ocurre en Cataluña, el Olentzero en Euskadi, el Pandigueiro en Galicia, la Befana en Italia, el Santa Claus en Alemania, el Sinterklaas en Holanda... o el Papá Noel en todas partes.

Abundan, pues, los personajes míticos portadores de regalos según las culturas que siguen tradiciones populares, en muchos casos de origen pagano, es decir, ajenas al cristianismo.

La invasión del Papá Noel vino de la mano de una de las multinacionales estadounidenses más conocidas: la Coca-Cola. Esta firma impuso la versión en rojo sobre la imagen original de San Nicolás al que solían representar con ropas de color verde.

El Papá Noel actual se ha convertido, sin duda, en un símbolo evidente del consumismo en las sociedades occidentales u occidentalizadas y supone un desafío a la identidad nacional y religiosa. Y eso preocupa tanto a nacionalistas como a cristianos fundamentalistas. De hecho, podemos detectar un cierto aire de neo-nacionalcatolicismo español en las campañas que se promovieron en favor de los belenes y los Reyes Magos, como aquella cuyo eslógan decía:
«Yo soy de los Reyes Magos».
Tampoco España se queda sola en la defensa del "verdadero" espíritu de la Navidad, pues desde Alemania, Austria y Chequia surgen voces a favor de dar preeminencia al nacimiento de Jesús con el fin de evitar que quede relegado por las compras de regalos.

Quizás los propagandistas de la Iglesia Católica no estuvieron muy afortunados cuando eligieron la fecha del 6 de enero para la llegada de sus Magos de Oriente, pues los niños prefieren que los regalos lleguen cuanto antes, y no el último día de las vacaciones navideñas.

lunes, 24 de diciembre de 2012

El tió de los catalanes

A partir de esta noche y hasta el día de San Esteban, los niños catalanes harán cagar al tió. El tió de Nadal, es un simple tronco de leña, de los que se usan para alimentar el fuego de la chimenea. Se le ponen unas patas y se le pinta una cara en uno de sus extremos. Se le cubre con una manta, para que no pase frío, y también se le toca con una barretina, aunque Arcadi me advierte que esto podría ser un detalle reciente, ya que al suyo nunca se lo pusieron. Claro que de eso han pasado varias décadas.

En todo caso, el tió es un tronco mágico.

El tió viene unos quince días antes de la Navidad. Me cuenta Josep que cuando su hijo tenía seis añitos, llamó a la abuela para decirle que el tió había llegado a su casa y que se parecía mucho al que había en la de ella. Que podrían ser hasta de la misma camada. Pero que en todo caso eran dos, es decir, que cada uno cagaría en su casa.

Esta noche o mañana, al tió se le cubre con una manta y los niños lo golpean con unas varas mientras cantan una canción como ésta:
Caga tió
ametlles i torró
no caguis arangades
que són massa salades
caga torrons
que són més bons
Caga tió
ametlles i torró
si no vols cagar
et donaré un cop de bastó
Caga tió!
Debajo de la manta aparecen los regalos que, huelga decirlo, no se limitan al turrón y las almendras de la canción.

Al cagatió hay que alimentarlo. Durante los días previos, son los propios niños quienes se encargan de ello.
«Si el tió no menja, no caga» —me dice Jordina, una niña de nueve años.
Su dieta consiste en pan seco, algarrobas, mondas de naranja o de mandarinas, u otras frutas. Actualmente, hay quien le da otras cosas más ricas como chocolate. Por la noche, la comida desaparece misteriosamente.

Se trata de una costumbre familiar muy arraigada y muy antigua que muchos españoles desconocemos. Y, sin embargo, está muy extendida por Occitania y Aragón, que junto a Cataluña y Valencia formaron parte de la corona aragonesa.

Pero los valencianos, cada vez más castellanizados, ignoramos muchas cosas de nuestros vecinos de norte. A ello contribuye, sin duda, la censura televisiva que nos impide ver la TV3.

Dicha censura constituye una barrera a la información y a la cultura, una frontera. Pretendemos proteger nuestra identidad española evitando ser contaminados por la catalana. Y luego nos extraña que ellos quieran independizarse de nosotros.

viernes, 21 de diciembre de 2012

La verdad sobre la mula y el buey

Estas navidades los recortes llegan hasta los belenes que ya podrían prescindir del buey y la mula. A Marta se le ocurrió pensar en un espacio de acogida para estos animalitos y el resultado fue el que se muestra en la imagen tomada en un escaparate. Con esta iniciativa se pretende evitar, supongo, que acaben en el cubo de la basura.

Los hay que, sin embargo, mantienen tanto el buey como la mula en sus belenes. Me dicen que no sabemos leer al Papa. Eso será... digo yo. Según ellos, el pontífice habría dicho que aunque los Evangelios no dicen nada al respecto de la mula y el buey, él estaba convencidísimo de que allí estaban.

Claro que, al fin y al cabo, lo que diga Ratzinger no hay que tomárselo como una verdad científica. Sirve para entretener a sus fieles pero demostrar no demuestra nada.

Mi interlocutor acepta que, en efecto, leerle puede resultar muy entretenido. Pero que puestos a elegir, él nunca se leería un libro escrito por Woody Allen, por ejemplo. Lo que me deja asombrado, ya que el sentido del humor del primero dista mucho del segundo.

Uno diría, más bien, que el sentido del humor es escaso o inesistente entre los católicos cuando se trata de hablar de historia sagrada, al menos entre los fieles más escorados a la derecha. El poder eclesiástico siempre desconfió de la risa. ¿Recuerdas lo que decía Jorge de Burgos, el bibliotecario ciego de 'El nombre de la rosa'?
«En la novela se desarrolla una reflexión sobre dos modos de pensar y vivir la cultura. Burgos es la cultura de la intolerancia, paradigma del platónico "yo tengo-soy la verdad", del cristiano "Yo soy el camino, la verdad y la vida", en nombre de los cuales establece un régimen autocrático, sin permitir la risa, es decir, la duda, la discusión, el debate... simbolizados en el pretendido manuscrito aristotélico sobre la comedia-risa que reposa en la biblioteca del monasterio. Baskerville es la cultura de la risa, es la risa que sabe que en lugar del "yo tengo-soy la verdad", hay que proclamar el "yo busco la verdad", que declara que en la cultura nada es definitivo, que todo debe pernearse de un sano escepticismo y relativismo, sin ningún tipo de jacobismo y dogmatismo fundamentalistas». (SOTO POSADA, Gonzalo. 'Filosofía medieval'. Sociedad de San Pablo. Bogotá, 2007; 183)
De hecho hay quien aún le saca punta a la desaparición del buey y la mula, como hace Eneko en esta viñeta aparecida en el diario 20 minutos.

La llegada de la Navidad tiene estas cosas, que nos hacen sonreir.

Quizás deberíamo leer más a Ratzinger.