jueves, 10 de enero de 2013

Rajoy no convence

Me sorprendió comprobar durante las pasadas navidades que el presidente Rajoy está siendo muy cuestionado precisamente por quienes le votaron.

Por un momento pensé que el actual inquilino de la Moncloa se había escorado tanto hacia lo que "los mercados" le piden que hasta los conservadores católicos y los neoliberales acérrimos empezaban a considerar los riesgos enormes de seguir el rumbo por él marcado.

¿Seré ingenuo? Es justo lo contrario: la derecha le exige que actúe con mayor contundencia en los recortes, que privatice más y más rápido, que emplee la violencia contundentemente contra manifestantes y huelguistas, que intimide a los separatistas, que aplique una censura estricta contra quienes cuestionen al sistema o a Dios,... En otras palabras, que se deje de indeciosiones y que ejerza el poder que le da tener mayoría absoluta.

Me confiesan que, para ellos, no hay en estos momentos un partido que les represente. Las alternativas no las van a buscar en los partidos de centroderecha como el PSOE o UPyD y, por ello, cabe pensar que su ideología estaría mejor representada en las políticas de George W. Bush, o tal vez en un retorno al nacionalcatolicismo que experimentamos durante cuarenta años con Francisco Franco como dictador.

Que el fascismo está llamando a la puerta es algo que a algunos no nos sorprende. Lo quieren los sectores más católicos y más monárquicos que sólo creen en la democracia mientras ésta no sea real, que es lo que ahora se exige desde las plazas del movimiento 15M.

La otra derecha, la más neoliberal, sueña con las teorías anarcocapitalistas. Me recomiendan leer a Ludwig von Mises (1881-1973), a Friedrich von Hayek (1899-1992) o a Milton Friedman (1912-2006), los dos últimos galardonados con el premio Nobel de economía en 1974 y 1976 respectivamente. Como si no los conociera...

Uno diría que Rajoy se queda sin amigos, pero que no cunda el pánico: ello no significa que se quede sin votantes. Con mayor sorpresa aún, me encuentro con gente, de recursos mucho más limitados que los que mencioné más arriba, que siguen apoyando sus políticas. Se han tragado la propaganda que insiste en aquello de que «hemos vivido por encima de nuestras posibilidades» y creen que los recortes son necesarios pero que afectarán a otros, no a ellos.

La efectividad del mensaje neoliberal es tal que hasta un homosexual llegó a decirme que estaba a favor de la represión violenta que aplica el ministro Fernández Díaz o el conseller Felip Puig. Para nada teme que puedan volverse en su contra.

Puede que Rajoy no convenza, o puede que sí. Depende...

miércoles, 9 de enero de 2013

La utopía comienza con un No

Para Juan Bonilla es fácil:
«Sólo hay que decir No». [1]
Y «No» es justamente la primera palabra que dice Caesar, el personaje principal de 'El origen del planeta de los simios' (2011). La escena coincide con el momento en que el simio arrebata el arma a su carcelero y comienza la revolución.

No deja de ser paradójico que un largometraje de alto presupuesto producido en Hollywood sea el que retrate la situación a la que se ven expuestos actualmente millones de personas en el mundo. Una clase dominante cegada por el beneficio inmediato maltrata sin piedad al resto de población a la que le recorta todos los derechos. Esa clase inferior, que en la película son los simios, en la realidad son el 99% de los humanos.

La solución está en el lenguaje. Los simios de la película se sienten débiles y deprimidos mientras permanecen aislados en sus jaulas. Es cuando se comunican, cuando conversan entre ellos, que empiezan a tomar conciencia de quienes son. Toman conciencia de clase, y en la unión encuentran su fuerza.

Volviendo a Bonilla, éste explicaba que:
«Diciendo No, es como se comienza el camino hacia una utopía pequeña, sin grandilocuencias, una utopía que entienda que lo único que importa es la vida, y que sólo se vive una vez, y que vivir mejor no significa estar constantemente aplastado por facturas y posesiones y rutinas y deseos creados por la publicidad y maquinitas que según dicen nos mantienen conectados con el mundo y entretenidos (entretener significa que dejemos de hacer lo que estamos llamados a hacer para dedicarnos a otra cosa, que es lo que le interesa al Capital».
Los humanos de la película dominan la tecnología pero les pierde la avaricia. A los simios, en cambio, les basta decir No. Les basta con saber que es lo que no quieren y a partir de ahí salir a buscar qué es lo que les interesa. El homo sapiens ya no es el hombre que sabe, sino el hombre que está distraído por los medios de comunicación, por los políticos, por la publicidad, por la sociedad del espectáculo.

¿Entendemos lo que nos dice Bonilla? ¿Lo que nos dice Caesar? O sólo vemos en ellos utopías, o quimeras, que suena más borbónico.

El mensaje no es nuevo. En 1576 se publicó el 'Discurso sobre la servidumbre voluntaria o el Contra uno', escrito por Étienne de la Boétie. De este breve texto destaco el siguiente párrafo:
«Por el momento, querría solamente comprender cómo puede ser que tantos hombres, burgos, ciudades y naciones soporten a veces a un único tirano que no tiene más poder que el que ellos le dan, que sólo puede perjudicarles porque ellos lo aguantan, que no podría hacerles ningún mal si no prefiriesen sufrirle a contradecirle».
En esta época de neoliberalismo que nos ha tocado vivir, identificamos «El Uno» en ese 1% de la población que tiene lo que el 99% necesita.

En su último libro, 'El precio de la desigualdad', Stiglitz denuncia que:
«Las riquezas que se han acumulado en lo más alto se han producido a expensas de los de más abajo».
Y lo han conseguido, evidentemente, porque nadie les ha dicho «No».


[1] BONILLA, Juan. «Utopía sin grandilocuencia» en 'Utopías'. Editorial El Páramo. Córdoba, 2012
[2] STIGLITZ, Joseph E. 'El precio de la desigualdad'. Taurus-Santillana. Madrid, 2012