viernes, 8 de febrero de 2013

Corrupción: mejor no preguntar

La corrupción del partido en el gobierno de España supera el ámbito de lo estrictamente económico. Además de llevarse el dinero de todos, los responsables del PP corrompen el espíritu de la democracia al negarse a responder las preguntas que se les hacen, en la calle, en los medios o en el Parlamento.

Esta sucesión de escándalos, en la que también participan otros partidos (PSOE, CIU,...), no es sólo producto del egoísmo individual de quienes tocan poder, sino que se trata de algo más estructural. Es como si a nuestra casta política le importase poco o nada el desprestigio que ellos mismos construyen. Es como si de eso, precisamente, se tratara.

¿Cuántas veces has oído quejarse de los políticos en general? Te dirán que «no hay político bueno», o que «todos hacen lo mismo». Por eso hay a quien les vota aún a sabiendas de que no son de fiar, aunque sea para evitar que sean otros quienes salgan elegidos para gobernar.

¿Cuántas veces has oído que es la política la que lo corrompe todo? Pero lo cierto es que pocas veces se reflexiona en que para que exista la corrupción no basta con que haya alguien dispuesto a dejarse corromper: hace falta un corruptor.

El corruptor podría ser un político, evidentemente, pero éstos suelen adoptar el papel de corrompidos.

Los que corrompen nuestra sociedad son quienes ostentan el verdadero poder que no es otro que el económico. Los intereses de clase, los grandes negocios, las recalificaciones, las exenciones de impuestos, la impunidad ante la ley, las privatizaciones, la amnistía fiscal,... es cosa de ricos. Los pobres, los trabajadores, las clases medias, e incluso muchos de los que se consideran clase alta no pueden disfrutar de tales privilegios.

A los poderosos y a sus políticos a sueldo (o sobresueldo) les molesta la política e insisten en «todos los políticos son iguales» a fin de desanimarnos en la búsqueda de los honestos, que haberlos haylos. Mientras que el pueblo denuncia en las plazas que «le llaman democracia y no lo es», pero lo que corruptores y corrompidos realmente pretenden es que la democracia deje de serlo... del todo.

Porque, al fin y al cabo, desprestigiar la política es desprestigiar la democracia.

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