viernes, 29 de marzo de 2013

Sobre el Proyecto Inmortalidad

La muerte nos priva de los bienes que la vida podría ofrecernos en el caso de seguir viviendo. Según Arcadi Garriga, si admitimos que la muerte es un mal en sí mismo, podemos suponer que el bien absoluto sería vivir para siempre. (GARRIGA, Arcadi. 'De la mort'. Navplamundi, 2013)

A John Martin Fischer, profesor de filosofía en la Universidad de California en Riverside (UCR), le han encargado la tarea de su vida: investigar la inmortalidad. Pero se trata de un proyecto en serio, es decir, con un presupuesto y un plazo de entrega que aunque finitos no dejan de ser dignos de tan inmensa tarea: cinco millones de dólares y tres años.
«La universidad californiana ha explicado que se trata de la subvención más grande jamás otorgada a un profesor de humanidades. En este sentido, ha explicado que la Fundación John Templeton ha financiado anteriormente la investigación en temas tales como la complejidad, la evolución, el infinito, la creatividad, el perdón, el amor y el libre albedrío». (Libertad Digital, 27/03/2013)
La pregunta a la que Fisher y su grupo de científicos tendrán que enfrentarse es la de «si el hombre puede aspirar a la vida eterna en este mundo o en otro posterior y de si merece la pena que esa opción, con los muchos avances de la medicina, llegue algún día a cristalizar, vivir de forma indefinida». (SCARPELLINI, Pablo, en El Mundo, 27/03/2013)

Según Nínro Ruíz Peña, de NoticiaCristiana.com, Fischer no cree en la vida después de la muerte, pero eso no ha impedido que la John Templeton Foundation le confíe la dirección del proyecto que financia. (RUÍZ PEÑA, Ninro, en NoticiaCristiana.com, 14/08/2012)

Norteamericano, pero nacionalizado británico, sir John Templeton (1912-2008) simpatizaba con las ideas neoliberales de Milton Friedman (1912-2006) para quien la libertad individual resulta fundamental para el progreso económico, social y espiritual. Fiel al espíritu del individualismo posesivo, Templeton murió en las Bahamas, un paraíso fiscal. Tenía inquietudes religiosas pero gozaba de una mentalidad abierta y desdeñaba las interpretaciones literales de la Biblia, tan en boga en los Estados Unidos.

Pero cuestionarnos la vida eterna es algo que los humanos ya hacíamos antes de que se escribieran las Sagradas Escrituras. De hecho, Platón ya dejó bien clara su atracción por la idea de un alma inmortal:
«Que todo lo que os he dicho del estado de las almas y de sus residencias sea aproximadamente así, creo que puede admitirse, si es cierto que el alma es inmortal, y la cosa vale la pena de correr el riesgo de creerla. Es un azar que es hermoso admitir y del cual debe uno mismo quedar encantado.». (PLATÓN, en 'Fedón o la inmortalidad del alma'. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes)
La idea de tener un alma inmortal puede no resultar tan atractiva si se piensa en ello dos veces.

Vivir eternamente, pero ¿qué clase de vidas? ¿Justas o injustas? ¿Míseras o acomodadas? ¿Tristes o alegres? ¿Divertidas o aburridas? ¿Con o sin clases?

Hoy, nuestras vidas se desarrollan en un marco caracterizado por el éxito del neoliberalismo que supone acaparar la riqueza por unos pocos mientras se recorta en todo aquello que podría hacernos la vida terrenal más llevadera a unos muchos: educación, sanidad, pensiones, servicios públicos... Y ocurre que los mismos que se enriquecen y nos imponen tales recetas, como los de la Fundación Templeton, son quienes se dedican a derrochar una fortuna en investigar sobre una improbable vida en el más allá.

¿Por qué no dedicar tales recursos a estudiar cómo mejorar la vida aquí en la Tierra?



La imagen procede de este enlace: http://desmotivaciones.es/1010102/La-inmortalidad

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