lunes, 29 de abril de 2013

El fin de los ciclos

Hablar de fútbol en tiempos de crisis puede parecer una frivolidad. De hecho, lo es. Pero también es cierto que es de fútbol y de otras tonterías, y no de la crisis, sobre lo que la mayoría emplea su tiempo libre. No es sólo que desde el poder y los medios de comunicación nos maipulen, sino que nosotros lo preferimos así. ¿Me equivoco?

La goleadas se suceden y a la del Barça se le añadió la del Real Madrid sólo un día después. Un global de 8-1 favorable a Alemania.

A Julián Ruiz le tocaba pasar del regocijo al cabreo en 24 horas y no dudó en señalar el culpable de que el Real Madrid haya muerto:
«Sinceramente, Mourinho perdió él solito el partido, porque la goleada es todavía más grave que la del Barça. Bastante más, por la sencilla razón de que el Borussia no es el Bayern, ni aunque hiciera el mejor partido que se le recuerda, que lo hizo, pero con todas las facilidades de un equipo blanco indolente, sin pasión, sin sangre, acojonado por el pis cervecero de la grada amarilla. Una vergüenza».
Así pues, parece que Ruiz me da la razón cuando digo que el fútbol acojona. Y cuando avergüenza también.

Avergüenza si pensamos que esos tipos endiosados, adorados o no por las gradas, cobran cifras astronómicas cuando hay tanta gente que no llega a fin de mes. Siguiendo con los símiles guerreros de mi entrada anterior podríamos decir que son mercenarios. En varios países de América Latina a los futbolistas que juegan fuera de sus países les llaman legionarios.

Avergüenza cuando nos dicen que la Generalitat Valenciana derrocha el dinero de los recortes empleándolo para rescatar al Valencia Club de Fútbol.

Avergüenza saber que los clubs de fútbol tienen una deuda acumulada con el estado, es decir con nosotros, que supera los 3.600 millones de euros.

Avergüenza que el entrenador del uno de esos clubs, José Mourinho, se dedique a agredir a sus colegas delante de las cámaras. Y que encima que haya quien le ría la gracia, que los hay.

Avergüenzan tantas cosas...

Pero lo cierto es que el fútbol da también para mucha diversión. Basta con seguir al ya mentado Ruiz. ¿Qué decía apenas veinte días antes de vilipendiar a Mourinho tras la derrota contra el Borussia? Según él, el monstruo Mou...
«Es, definitivamente, el mejor entrenador del mundo que he conocido en mi vida».
Sí, se trata del mismo con cuya cita empezaba esta entrada. Entonces alababa el talento del "only-one", y además se permitía ridiculizar a quienes dudaban que lo tuviera:
«Los 'pueriles' enurgúmenos (sic) detractores de Mourinho no sabrán donde meterse».
Y es que parece demostrado que en el fútbol resulta bastante fácil pasar de ser el desaforado hooligan hagiógrafo al "pueril energúmeno detractor" que ahora no duda en certificar la muerte del Madrid de Mourinho:
«Víctima de su egolatría, de sus diferencias irreconciliables entre nacionales y extranjeros, anulado por una prensa excesivamente radical y nacionalista y sobrestimado por un equipo».
Avergüenzan tantas cosas...

jueves, 25 de abril de 2013

Cuando el fútbol acojona

Algo tendrá el fútbol cuando acapara la mayor parte de nuestras conversaciones. Algo tendrá cuando la derrota de nuestro equipo favorito nos escuece tanto. Esta semana, Barça y Real Madrid han encajado sendas goleadas en Alemania, ante el Bayern de Munich y el Borussia de Dormunt, respectivamente.

Leyendo sobre la derrota del Fútbol Club Barcelona me ha llamado la atención la jerga belicista con la que los periodistas especializados adornan sus reportajes. Los cronistas de El Mundo se mostraron especialmente ingeniosos al referirse a la derrota de su eterno rival. Fue un «Waterloo azulgrana», nos cuenta Miguel A. Herguedas. Para quien no lo sepa, Waterloo representa la derrota final de Napoleón, otro gran enemigo de España. Para Herguedas, Messi estaba fuera de combate, y la única ocasión de gol, la de Bartra, mostró «la impotencia de un Barça menor, atemorizado», tanto que «el Allianz no era un estadio, sino un festín donde se brindaba con los cráneos azulgranas». Acojonante, ¿o descojonante?

Otro compañero de fatigas del citado diario, Ángel González, titula su texto con un «Müller, Ribéry y la 'blizkrieg' aire-tierra». Aclaro para los que estáis poco puestos en temas bélicos que la blitzkrieg es como se denomina a la estrategia de guerra relámpago que los militares alemanes llevaron a los campos de batalla durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial, con desigual éxito. Escribe González que:
«El Barça empezó su tiritona en Múnich con el bombardeo aéreo de la 'Luftwaffe' local, tres cabezazos dos goles —el segundo en fuera de juego—, que después remató con la 'blitzkrieg' a ras de tierra».
Esta segunda crónica no olvida hacer referencia a la estrella argentina del equipo azulgrana y lo hace en términos del juego de los barquitos, que no deja de ser una representación de un combate naval:
«Messi, tocado y hundido».
Para este periodista de El Mundo los azulgrana libraban una guerra contra el Bayen que permanecía con su «blindaje rojo intacto. Ni un solo arañazo». Más adelante el césped del Allianz Arena lo convierte en el infierno de un campo de batalla.
«En dos o tres pases, transiciones rapidísimas, la poderosa horda bávara se presentaban en el área de Valdés. Ni se encontró la forma de defenderles y, mucho menos, de cómo atacarles».
Poco a poco parece como si González se quedara sin munición y tuviera que recurrir a eufemismos más propios de la lucha cuerpo a cuerpo:
«Al otro lado estaban pletóricos Müller y Ribery, que mordían en defensa con Javi Martínez de perro de presa y todos tejiendo una telaraña impenetrable».
Así desaparece la condición humana de los jugadores que acaban convertidos en fieras, o en arañas. Si éste es el marco, no debería extrañarnos la sanción a Luis Suárez por dar un mordisco a otro futbolista.

Pero las metáforas no acaban en la guerra, sino que también discurren por la religión. Al fin y al cabo, es tradicional la alianza de la cruz y la espada, de la pólvora y el incienso. Y si bien es cierto que el césped nos lo presentan como un campo de batalla, también lo es que el propio estadio suelen identificarlo con un templo. Un templo donde se glorifica, un templo donde se sacrifica, un templo donde el público se entrega a adorar los dioses del fútbol.

Sin salir de El Mundo, Julián Ruiz, que se describe a sí mismo como «apasionado, visceral y provocador», titula su entrada como «La hecatombe del Barça» y sentencia a continuación que:
«El Barcelona fue inmolado en Múnich».
Una hecatombe o una inmolación son sinónimos de sacrificio religioso. Ruiz no se queda en los altares y baja a la arena para explicarnos el significado de sus sentencias:
«No me gusta las sentencias que hablan de fin de ciclo. Más que nada, porque los imperios no se derrumban en unos cuantos partidos, los grandes imperios se mueren poco a poco, con muchos meses de lenta caída hacia el infierno».
El recurso a hablarnos de los sacrificios, los infiernos, y los imperios que se derrumban, sirve para crear una atmósfera de miedo en torno a lo que no debería ser más que un juego. Es cuando el fútbol acojona.

Es evidente que Ruiz, que no suele ocultar su madridismo, se frotaba las manos enviando a su enemigo al infierno mientras rezaba para que su Madrid alcanzara el cielo en el altar de Wembley. Pero el Borussia también se lo ha puesto difícil.

Puede que, en los tiempos actuales, los dioses caprichosos simpaticen más con los teutones, ¿quién sabe?

lunes, 8 de abril de 2013

El papa de los gestos

Un cambio de papa siempre resulta divertido. Fumatas negras o blancas hasta que alguien exclama la consabida frase: "habemus papam".

Lo que no entiendo es por qué no lo hacen más a menudo. Tampoco estoy sugiriendo que repitan lo de Albino Luciani, alias Juan Pablo I, que apenas les duró 33 días. Me refiero, más bien, a que no alarguen tanto la agonía como hicieron con su sucesor, el polaco Karol Wojtyla, que estuvo en el cargo nada menos que 27 años. Así que lo de retirar a Joseph Ratzinger, una vez demostrada su incompetencia, ha estado mejor. Con un poco de retraso, tal vez.

He leído en algún periódico pro-católico, (¿cuál no lo es?) que la elección del nuevo papa había agradado tanto a los creyentes como a los no creyentes. Me pregunto dónde están las encuestas que lo confirmen. No estaría mal un referendum para ver qué pensamos de los sucesivos vicarios de Cristo que nos imponen, ¿verdad? Pero me olvido, obviamente, que la Iglesia es la institución menos democrática del mundo, o por lo menos la más sexista.

Así ironizaba El Barón Rojo en su cuenta de Twitter:
«Por qué habría de preocupar a los no creyentes quién es el Papa. Ni que nuestro gobierno se dejara influir por lo que opine ese señor». (@elbaronrojo, 09/03/2013)
Como consecuencia del aluvión propagandístico favorable al nuevo papa, me decidí a pedir opinión a unos y a otros. Predominaba la indiferencia. Finalmente, yo también fui preguntado aunque por creyentes fundamentalistas.

Dicen los que se ocupan de estas cosas que a periodistas y tertulianos les pilló por sorpresa. Que nadie esperaba que fuera Jorge Mario Bergoglio el elegido. Por cierto, lo fue, me dicen, por intermediación de una paloma que representa, insisten, al Espíritu Santo. Ríete tú del pajarito que se le apareció a Maduro.

La cosa es que, por primera vez en la historia, tenemos un latinoamericano al frente del Vaticano. Es más, si mi memoria no me falla, Bergoglio es el primer pontífice no europeo que se viste de blanco. ¿Será que hay algo que les preocupa en América Latina?

No entraré a comentar la polémica en torno a su presunta colaboración con la dictadura militar argentina. Aunque sí me parece digno de resaltar que mantenga una oposición tan "valiente" contra los Kirchner que no tuvo contra los uniformados.

Me interesa más bien comentar algunos aspectos algo contradictorios. Por ejemplo, que haya elegido el nombre de Francisco pese a no ser franciscano. Y que siendo jesuita, haya preferido ser un papa blanco y no un papa negro.

Por otra parte, su predilección por los gestos indica poca disposición a hacer cambios. Hay sobreactuación, es decir, prevalece lo teatral sobre lo importante. ¿Camuflaje?

Dicen que será el papa de los pobres. De momento quienes se alegran son los ricos, ¿por qué será?

Recurro de nuevo a la ironía de El Barón Rojo:
«Espero que el nuevo Papa siga luchando contra la pobreza como los anteriores, en el Vaticano no se ve ni un pobre». (@elbaronrojo, 13/03/2013)
Lo que no será es un papa de las mujeres, me temo. Aunque monjas y beatas no le faltarán en su apoyo.

Tampoco parece probable que los homosexuales se libren de la intolerancia tradicional que sufren por parte de los católicos.

Claro que...
«Igual estabais esperando un Papa comunista, proabortista y defensor de las uniones homosexuales montado en un unicornio de colores». (@elbaronrojo, 14/03/2013)
No. No caerá esa breva. Alguien dijo que no era el hombre el que definía como sería el cargo, sino el cargo lo que definiría como actuaría el hombre.

El papa Francisco I no hará nada diferente a quienes le precedieron. No hay camino de vuelta hacia el Concilio Vaticano II, eso es casi seguro.

Fue Luciani, tal vez, la última oportunidad de hacer una iglesia más cristiana y menos católica.